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 VIAJE AL SUR DE TANZANIA

Todo el mundo nos había dicho que para captar la esencia de África hay que alejarse de las rutas turísticas, por lo que en nuestro viaje a Tanzania, y tras las visitas obligadas al Serengeti y al Cráter del Ngorongoro, decidimos adentrarnos en las zonas rurales del sur del país y la experiencia fue maravillosa e inolvidable. Amanecer en Ruaha


Antes de iniciar nuestro viaje, contactamos con una agencia local, Elephant Adventures, para que nos organizara un par de safaris, uno por el norte y otro por el sur lejos de la explotada ruta turística. Queríamos viajar por libre, pero visitar los parques por tu cuenta es muy complicado, por lo que contactar con una agencia local es la forma más económica y flexible de planificar esa parte del viaje.

SerengetiLos seis días de safari por el norte del país habían sido geniales, recorrimos Tarangire, el Ngorongoro y el Serengeti y pudimos ver cantidad de animales, impalas, gacelas, ñus, cebras, jirafas, leones, guepardos, elefantes con sus crías, y hasta los huidizos leopardos. Y también vimos casi el mismo número de turistas, españoles, italianos, ingleses, alemanes… Los conductores iban avisándose por radio donde estaban los animales más difíciles de ver como los leones o los guepardos, por lo que a veces los pobres animales acababan rodeados por veinte coches. Todos queríamos verlos, pero a veces acababas sintiéndote incomoda, viendo a los pobres bichos acosados por decenas de turistas haciendo fotos.

Tras seis horas de autobús desde Arusha, llegamos a Chalinze, una pequeña ciudad al oeste de Dar es Salam, donde nos esperaban Peter y Chriss que iban a ser nuestro conductor y cocinero respectivamente en el safari del sur. Desde el primer momento nos llevamos genial, eran encantadores y grandes profesionales e hicieron que el safari fuera genial a pesar de los problemillas con los que nos encontramos.

Impalas en MikumiLa carretera que va hacia el oeste atraviesa literalmente el Parque Nacional de Mikumi, y ese fue el primero que visitamos. Es un parque relativamente pequeño en el que es fácil ver animales al pie de la carretera. Lo más destacable fue el paisaje, que como en cada parque era diferente e igualmente bello, y una manada de búfalos bebiendo en un lago al amanecer. De allí seguimos hacia el Parque Nacional de Ruaha, sustituyendo la carretera principal por las destartaladas pistas sin asfaltar de las que ya no saldríamos en todo el viaje.  El trayecto hacia Ruaha duró casi todo el día, pero mereció la pena porque nos permitió empezar a descubrir cómo es la vida en la Tanzania rural.


Cocinando buñuelosDejamos atrás las ciudades y la civilización para entrar en un mundo de pequeños poblados de cabañas de adobe, sin luz ni agua corriente, donde se veía a los hombres con el ganado o trabajando en el campo y a las mujeres cocinando y tejiendo alfombras de sisal en la puerta de sus casas o trayendo agua del río en grandes cubos que porteaban sobre sus cabezas con una elegancia que desearían muchas modelos. Era como un viaje al pasado, una vida extremadamente dura y llena de privaciones, y lo más sorprendente para nosotros era la felicidad que se reflejaba en los rostros de la gente, la sonrisa de los niños que salían al encuentro del coche para saludarnos. Parece mentira que unos con tan poco puedan ser tan felices y a otros que lo tenemos todo nos cueste tanto.

En Ruaha nos alojamos en unas bandas (cabañas) en la orilla del río, el sitio era espectacular. Al atardecer, el ranger que vigilaba el campamento encendió una gran hoguera para evitar que los animales se acercaran demasiado y nos contó algunas cosas interesantes como que era el segundo parque más grande después del Serengeti, que tenía una de las mayores poblaciones de elefantes y que era uno de los pocos sitios donde todavía se podían ver grandes Kudus.

LeonesA la mañana siguiente visitamos el parque, seguimos el curso del río donde vimos, entre otros animales, enormes cocodrilos, un inmenso rebaño de búfalos y una manada de más de diez leones a la que estuvimos observando un buen rato. El paisaje era increíble, extensas llanuras doradas salpicadas con baobabs, donde gacelas, elands y cebras pastaban apaciblemente. Y lo mejor de todo es que estábamos solos, no vimos un solo coche en todo el recorrido, por lo que si nos quedábamos quietos y en silencio los animales nos ignoraban y seguían comportando como si no estuviéramos allí. Al borde del camino vimos una pareja de leones y nos paramos a unos pocos metros. Nuestro guía nos dijo que parecía que estaban a punto de aparearse y efectivamente así fue. A los pocos minutos comenzó la función, breve pero intensa, no nos podíamos creer lo que acabábamos de presenciar, fue impresionante.

Nuestro siguiente objetivo era la Reserva de Selous, una enorme extensión de tierra más grande que Suiza y que abarca gran parte del sudeste del país. Los ríos Rufiji y Ruaha atraviesan la reserva de la que una gran parte permanece inundada la mayor parte del año haciéndola inaccesible para el hombre, lo que ha permitido preservar la vida salvaje a lo largo de los años.  El camino atravesaba las montañas y era tan espectacular como duro, las llanuras doradas de Ruaha fueron remplazadas por agrestes colinas y frondosos palmerales de un verde brillante. La carretera era casi impracticable y nuestro todoterreno, que ya había sufrido una avería, no pudo aguantar más y nos dejo tirados al anochecer a las afueras de la reserva. El conductor y uno de nosotros se fueron andando a un lodge cercano a pedir ayuda, mientras los otros tres nos quedamos junto al coche rodeados por una profunda oscuridad en la que de tanto en tanto se podían ver ojos brillando entre la maleza que no resultaban especialmente tranquilizadores.

Niños en KisakiComo era imposible seguir viaje, dejamos allí el coche y nos llevaron a Kisaki un poblado cercano para pasar la noche. Dormimos en un hostal para los lugareños, las habitaciones no tenían luz ni agua, pero estaban limpias. Era el único sitio del pueblo en que disponían de generador y una televisión por lo que además era como el cine del pueblo, aunque esa noche la atracción fuimos los tres turistas que llegamos en medio de la noche.

A pesar del contratiempo, la aventura mereció la pena. Pasamos la mañana siguiente en el pueblo mientras Peter arreglaba el coche. Seguíamos siendo la atracción turística para los niños, que en cuanto vencieron su timidez no se separaron de nosotros, encantados de que jugáramos con ellos, les hiciéramos aviones de papel y que alucinados de verse en la cámara digital no dejaban de pedir que les hiciéramos fotos.

Río RufijiPor fin llegamos a Selous donde nos alojamos en un campamento fijo cerca de la entrada del parque. Eran tiendas enormes dentro de las cuales cabían hasta tres camas con sus mosquiteras y todo. ¡Un lujo! En Selous hicimos un safari a pie acompañados por una ranger que nos enseñó a distinguir huellas y excrementos de animales. Sólo vimos muchas jirafas e impalas, aunque casi mejor porque no se que tal hubiera reaccionado viendo un león sin la protección de un coche. También hicimos un safari en barca por el río, en el que vimos hipopótamos, lagartos parecidos a las iguanas y cocodrilos pequeños, pero sobre todo muchos pájaros de distintos tipos y preciosos colores.

Elefantes en SelousSelous es una reserva fantástica para ver animales, aunque hay que decir que son mucho más tímidos que en otros parques porque en parte de la reserva se puede cazar y claro, cuando te ven no saben si llevas un rifle o una cámara de fotos por lo que ante la duda salen corriendo. En la época del año que es posible visitar la reserva, siguen quedando muchos lagos y zonas inundadas que son perfectas para ver cómo las cebras, ñus y antílopes se acercan a beber. También es fácil ver grandes cocodrilos y gran cantidad de hipopótamos y elefantes.

Tras Selous volvimos por la costa a Dar dando por finalizado nuestro safari por el sur, que, sin duda, recomiendo a todos los viajeros que visiten el país y quieran conocer mejor la forma de vida de sus gentes y descubrir la auténtica Tanzania lejos de las multitudes de turistas. Hay que decir que aunque sea la zona menos turística y que tenga menor infraestructura, no implica que no se puedan encontrar alojamientos de todos los niveles (hasta de super lujo) y de hecho para los que viajamos con presupuesto reducido, hay que decir que los alojamientos aquí eran mucho mejores que en el norte al estar menos masificados. 

No son muchos los viajeros que se alejan de la ruta turística para adentrarse en las tierras del sur de Tanzania, pero aquellos que se atreven obtienen su recompensa. No hay mejor lugar para captar la esencia de África, la dureza de la vida en el campo, la humildad de su pueblo y la belleza de sus reservas naturales que nada tienen que envidiar al popular Serengeti en el norte del país.



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