| Al sur de Kenia y en el corazón del antiguo territorio Masai se encuentra la Reserva Masai Mara, la mayor atracción turística del país y un autentico refugio de la vida salvaje. La concentración de ñus, impalas, gacelas, búfalos, etc es sorprendente y es fácil ver el increíble espectáculo de los leones y guepardos cazando y de inmensos rebaños de ñus cruzando el río. |
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El orgulloso pueblo Masai nunca supo de fronteras y durante siglos su territorio se extendía desde las vastas llanuras del Serengeti en Tanzania hasta las tierras altas del sur de Kenia. Este pueblo nómada vivía guiando sus rebaños en busca de agua y pastos frescos al ritmo de las estaciones, acompañados en su periplo por miles de animales salvajes cuyo instinto les empujaba a la migración.

El reparto de tierras entre los colonos europeos obligó a los Masai a abandonar gran parte de sus tierras, pero hoy en día todavía se les puede ver pastoreando sus rebaños en Masai Mara y en el Área de Conservación del Ngorongoro en Tanzania.
Afortunadamente, los instintos de los animales salvajes son más difíciles de cambiar, y los auténticos dueños del territorio son los millones de ñus, búfalos, antílopes y cebras que cada año, tras la estación de lluvias y cuando los pastos empiezan a escasear en el Serengeti, emigran hacia las fértiles llanuras regadas por el río Mara haciendo de la reserva Masai una de las zonas de mayor concentración de vida salvaje. La mejor época para visitar la reserva es de Junio a Octubre, ya que a partir de este mes los animales inician su regreso hacia el sur. Una de las atracciones ofertadas a los turistas son los safaris en globo para observar desde el cielo la magnitud de la migración. Una buena opción si el presupuesto lo permite ya que cuesta el módico precio de 350$.
Adentrarse en la reserva es entrar en un mundo donde la vida y la muerte están presentes en cada paso para recordarnos el frágil y precioso equilibrio de la naturaleza salvaje. En sólo unos instantes puedes ver a una joven gacela dando sus primeros pasos arropada por su madre y a otra siendo devorada por un majestuoso guepardo.
Se puede sentir el miedo de los ñus antes cruzar el río, dudando en la orilla plagada de enormes cocodrilos al acecho; pero su instinto de supervivencia les empuja a cruzar en busca de nuevos pastos que permitan la supervivencia del rebaño aún sabiendo que algunos se quedarán en el intento.
Otro espectáculo impactante es ver a las leonas enseñando a cazar a sus cachorros y presenciar como devoran un ñu o una cebra bajo la atenta mirada de las hienas y de los buitres que esperan pacientes su turno sin si quiera pensar en alterar el orden establecido.
Estas escenas, sobrecogedoras para nosotros, han formado parte del día a día del pueblo Masai desde sus orígenes; seguramente les resultará incomprensible que algo tan básico y vital como nacer, vivir y morir nos deje sin aliento y sin embargo volar en avión nos parezca lo más normal del mundo. La realidad es que para los que pocas veces tenemos la oportunidad de mirar más allá de paredes de hormigón, resulta difícil no enamorarse de África, de sus paisajes, de sus puestas de sol, del esplendor salvaje de los animales, de la sencillez de sus gentes. Es una vuelta a los orígenes, a las cosas sencillas, que te hace sentir pequeño y a la vez te llena de paz y tranquilidad.
La otra cara de la moneda no es tan agradable; cada vez son más los turistas que visitan la reserva y la falta de control y el afán porque los clientes se queden contentos hace que los coches se salgan de las pistas y poco menos que persigan a los animales campo a través. Esto además de destrozar los pastos, interfiere en su vida cotidiana, limitándoles a cazar y a realizar gran parte de su actividad por la noche cuando se retiran los turistas.
Cada vez quedan menos lugares en el mundo donde poder disfrutar de esta belleza salvaje, debemos de concienciarnos de que es obligación de todos conservarlo y no alentar prácticas poco adecuadas que fomenten su deterioro para que las generaciones posteriores puedan disfrutar también de este tesoro de la naturaleza.
