RECUERDOS DE BAHIA (1ª Parte) - BRASIL
Fecha Miércoles, 13 abril a las 19:12:28
Tema BRASIL


Salvador Bahia Primera parte de nuestra aventura en Salvador de Bahía. El increible ambiente de pelourinho y nuestra escapada a Lençois y a los impresionantes parajes de la Chapada Diamantina. 


12/11/04


Nos levantamos en el hostal Laranjeiras después de haber tomado unas cervecillas y caipirinhas la noche de llegada. Estuvimos perdiéndonos un poco por las coloridas calles del famoso Pelourinho, dejando contratado todo lo referente a billetes a Lençois, Morro de Sao  Paolo, información “pousadas” etc... Más tarde, fuimos al Mercado Modelo que está situado en la Cidade Baixa y vimos danzar capoeira.

Después, decidimos ir a comer a un sitio llamado Pomerô. Comimos muy bien típica comida brasilera con su Moqueca, picanha y no faltaron los bolinhos de queijo...¡que buenos! Fue una comida muy agradable, en buena compañía, al aire libre y al ritmo de la bossa nova que una brasilera de ébano cantaba al son de su guitarra. Por la tarde noche, nos dirigimos a la estación de autobuses porque nos íbamos a Lençois.


13/11/04

El viaje había sido movidito ya que las carreteras no están en muy buen estado. Ya estábamos en Lençois, un pueblito  localizado en el interior del Estado de Bahía, a unos 500 km. de Salvador, rozando el Parque nacional CHAPADA DIAMANTINA.

En Salvador, habíamos hablado con un tipo que dijo conocer al dueño de una posada en Lençois. Nos dijo que si queríamos, él podía llamarle para que nos fuese a buscar al autobús y llevarnos a su posada. Pensamos que sería buena idea, ya que llegábamos allí a las 4:00 a.m. así que le dijimos que sí. El hombre que debía esperarnos se llamaba Dionisio.

Tras un viaje divertido de risas y movido por los “pequeños” agujeros de la carretera, llegamos. Aquello parecía un pueblo fantasma. El apeadero estaba un poco apartadillo del pueblo, además de mal iluminado, dando esto un poco de mal rollo al asunto. Los viajeros que bajaron del bus con nosotras, fueron desapareciendo y nosotras allí, esperando y ni rastro del bueno de Dionisio. Durante un ratito estuvimos discutiendo, decidiendo así, ir en busca de un sitio para dormir y pasar de Dionisio; que hubiese estado a la hora, ¿no? ; eran ya las 4 de la mañana.

Comenzó nuestra aventura al llegar al pueblito, que era muy bonito, y como no, al girar una esquina, allí estaba el ambiente. Aquel pueblecito por el que no hubiésemos apostado nunca que hubiese marcha, nos sorprendió. Estábamos en una calle empedrada, limitada a los lados por casitas de colores y entre ellas había un barecillo con una terraza en la que había algunas personas sentadas bebiendo cerveza. Todo era envuelto por la música que salía del interior del local; se respiraba un ambiente muy agradable. El temor de haber llegado hasta un lugar que a lo mejor no merecía la pena, después de haber estado 6 horas en un autobús viajando toda la noche, se disipó en ese mismo instante. Encontrar un hostal no nos costó mucho porque una chica nos indicó un International Hostel llamado CHAPADA que estaba bastante bien.

Nos despertamos por los ruidos en el hostal ya que nuestra habitación estaba al lado de la recepción y se oía todo. El desayuno estaba bastante rico; en especial recuerdo esa especie de pasta para untar hecha con berenjena. Pensábamos que a esas horas ya no podríamos contratar ninguna excursión, pero un chico nos informó de un paseo a unas pozas.

Poza Riveirao do MeioLas pozas se llamaban Riveirao do Meio y estaban como a una hora y media andando. No es que fuese largo el camino, pero ¡¡hacía un calor insoportable!!! La recompensa llegó al conseguir el objetivo. Estuvimos bañándonos en las pozas aquellas, que eran muy originales por el color coca-cola de sus aguas. El color era por la cantidad de hierro en la tierra y por un deshecho orgánico procedente de unas hojas que teñían el agua. Las rocas tenían formas extrañas bastante planas lo que hacía muy cómodo el estar tumbado sobre ellas. También había unos toboganes naturales en la piedra, que se habían formado por la erosión del agua.

Ya en Lençois nos dedicamos a pasear y a cenar en un restaurante llamado Picanha na Praça. Allí cenamos hasta reventar Picanha y una carne típica de allí llamada Carne do sol de la que la elaboración es bastante curiosa y el resultado muy bueno: Carne de buey rebozada en sal y colgada a secar al sol envuelta en cáscara de piña. La carne se pone luego a remojo en leche y después de lavarla se pasa a la brasa pero sólo vuelta y vuelta o algo así.


14/11/04

Tengo que decir que el hostal en el que dormimos estaba realmente bien; si esto puede servir de referencia. Los dueños eran un matrimonio muy majo. Él, Juan, un argentino un poco “energético” y su mujer brasileira, que nos trataron fenomenal y estuvieron pendientes de todo.

Chapada DiamantinaNos levantamos pronto pues habíamos contratado una excursión con la que íbamos a visitar distintos parajes de la Chapada Diamantina. Vimos sitios como el Poço do Diablo donde hicimos tirolina,  Morro do pai Inacio, Gruta de pratinha, Gruta de Lapa Doce... La excursión fue bonita pero había demasiada gente por ser domingo y la cosa perdió encanto. La verdad es que Lençois es un sitio ideal para mochileros que buscan hacer trekking y deportes de aventura. En mi opinión es un lugar con una gran oferta de actividades en el que hay que quedarse más de dos días.

Al volver a Lençois fuimos a cenar a un lugar monísimo llamado Cozinha Aberta. Era un sitio original donde se comía de lujo. Esa misma noche volvíamos a Salvador.


15/11/04


Habíamos viajado toda la noche para volver a Salvador. Se nota que este país es enorme ya que cualquier distancia es exageradamente grande. Esto lo comento por lo de viajar en autobús, porque los asientos se tumban como si fuesen camas habiendo además entre uno y otro,  bastante espacio para las piernas. Es un medio de transporte cómodo dentro de lo que cabe.

Cuando amanecimos, decidimos pasar un día de playa. Nos previnieron que habría mucha gente por ser festivo, pero lo que nos esperaba era tremendo. El taxista, después de engañarnos con el precio, nos dejó abandonadas en la carretera. Estábamos al lado de la playa que quedaba abajo, pero no se veía la arena apenas porque todo era gente, gente y más gente.

Empezamos a andar buscando un lugar un poco más despejado y así pasar un poco más desapercibidas, pero nada, allí estábamos 5 blancas, pero blancas de verdad, rodeadas de morenitos. La gente que pasaba a nuestro lado se detenía a mirarnos e incluso cuchicheaban. No podía entender por qué causábamos tanta expectación cuando en Brasil existe una gran variedad de colores de piel y en el sur del país hay brasileños mucho más blancos que nosotras... De todas formas lo pasamos muy bien.

Esa tarde la dedicamos a deambular por las calles y por la noche fuimos a ver una ceremonia de Candomblé, el más ortodoxo de los muchos cultos que trajeron de Africa los pueblos nago, yourba y jeje. La ceremonia  trata de una danza en honor a los dioses en forma de baile africano con movimientos  ligeros de manos y caderas. A veces las personas que participan en ella entran en trance y se empiezan a retorcer y agitar. Fue algo un poco extraño para nosotras, la verdad. Nuestra amiga la brasilera, curiosamente pertenecía a esta religión o culto y nos explicaba muchas cosas a medida que iban ocurriendo, porque nosotras no entendíamos nada de nada de lo que pasaba ahí. Fue interesante.

La vuelta a Salvador la recuerdo como una pesadilla y es que el guía que nos llevó en su coche no callaba ni debajo del agua. La noche en el Pelourinho nos esperaba con los personajes de siempre. Aquel lugar era como un pueblo donde estaban siempre los de siempre más los turistas que íbamos cambiando de vez en cuando.


16/11/04

Para aquel día habíamos planeado ir al  Candyall, barrio en el que se crió Carlinhos Brown y en el que el cantante ha invertido tiempo y dinero para hacer escuelas de música alejando a los niños de la calle y de todo lo malo que eso conlleva. No es que el sitio fuese bonito; era un barrio humilde pero con encanto por la historia que albergaba. Paseamos, hablamos con la gente y nos tomamos unas cervezas en un chiringo callejero. La gente en Brasil es increíble...tan humilde, amable y siempre sonriendo.

PelourinhoFuimos a pasar un ratito a la playa de Barra y después el Pelourinho nos esperaba con un gran fiestón y con el superconcierto de OLODUM. Por lo visto, todos los martes en esta zona de Salvador se montaba la misma fiesta  con todo un despliegue de instalaciones. Había conciertos, música de tambores y gente moviendo el cuerpo por todos los rincones. El ambiente era un estruendo pero nosotras estabamos encantadas. Un poco mas tarde, nos acercamos al local donde se celebraba el concierto de OLODUM, grupo-escuela de percusión que llevaba funcionando 25 años.

El espectáculo de tambores y los movimientos de los músicos que se mostraba en aquel escenario, es indescriptible. La música nos envolvía cada vez más y no podíamos parar de movernos. La gente estaba como loca y hacía un calor espantoso, pero daba igual. Cuando acabó el concierto todas queríamos el CD del grupo y lo compramos. Salimos a la calle y nos sumergimos en la corriente de gente que pululaba por las calles. Había un ambiente exagerado, pero no estuvimos mucho por ahí porque al día siguiente viajábamos a Morro de Sao Paolo. Un viaje en barco de 2 horas nos esperaba y más valía no ir muy perjudicadas.







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